viernes, 10 de mayo de 2013

Por las y los niños: de redes sociales y labores pendientes.

En México el día del niño suponer recordar a los infantes para ponerles atención y consentirlos en una etapa de su vida en la que son completamente dependientes de terceras personas: necesitan alguien que les de la seguridad de un hogar en el cuál puedan desarrollarse integralmente; así como necesitan atención médica, nutricional y sobre todo afecto para que puedan crecer saludablemente y vivir respetando su dignidad. Sin embargo, esta no es la realidad de todos los niños en nuestro país. De acuerdo al Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social en México a 2010 existían 52 millones de personas viviendo en situación de pobreza, de las cuales la mitad eran niños y jóvenes. Quien vive en pobreza muchas veces tiene que preocuparse más por pensar en qué comer –o si quiera si podrá comer durante el día- que por encargarse de celebrar convenciones sociales; o incluso se dificulta tanto la dinámica en sus vidas, que las relaciones interpersonales de las familias no alcanzan a ser fructuosas en el sentido de propiciar una educación y un desarrollo integral de los niños.

El 28 de Abril se celebró en Ampliación Rehilete, Zapopan, Jalisco a los niños con el motivo de su día; y a la par se celebraron los dos años de Techo en Jalisco. El convivio consistió en realizar diversos juegos y talleres para que los niños tuvieran un rato ameno y se trató que dentro de los mismos tuvieran pequeños aprendizajes que fueran sencillos de asimilar. El evento no fue exclusivo, sin embargo en su mayoría asistieron voluntarios de Techo, pero se logró también la participación de personas que a pesar de tener poco de conocer el proyecto o que tienen dificultad para colaborar personalmente en todas las actividades que se realizan.

Sin duda el convivio fue divertido y se trató de incluir a los niños en las vidas de terceras personas para continuar combatiendo el fenómeno de exclusión social en el que muchas veces viven personas en asentamientos humanos irregulares en condiciones de pobreza multidimensional extrema, como lo es el caso de Ampliación Rehilete. Además, el convivio se realizó después de una jornada de encuestas –realizada por Techo- dentro de la misma comunidad a fin de tener un registro de tipo censo para continuar trabajando por el desarrollo social de manera no asistencialista. Es importante destacar que durante el convivio se evitó regalar juguetes o despensas a los niños para ayudar a romper las prácticas paternalistas que perpetúan la pobreza al simplemente regalar cosas a las personas y no exigirles un compromiso que esté dentro de sus posibilidades para poder salir de su situación.

Se puede concluir que el evento en sí fue un éxito en cuanto al objetivo que tenía Techo ese día. Afortunadamente, se puede decir todavía más al respecto.

Dos días después, el 30 de abril (Día del niño en México), el Presidente Municipal de Zapopan, Héctor Robles Peiro difundía mediante la red social Twitter mensajes sobre su compromiso con los niños de Zapopan, además de mostrar imágenes sobre eventos a los que estaba asistiendo para reconocer a los pequeños; a lo cual Alberto Mercado (una de las personas que asistió como invitado al evento organizado por Techo en Jalisco a manera de conocer el proyecto) respondió con una imagen dónde demuestra que en Zapopan existen niños viviendo en las condiciones de pobreza descritas anteriormente.


A lo cual la directora del DIF Jalisco respondió que dicha institución lo tomará en cuenta y que visitarán en lugar: “@albertomercado DIF Jalisco estará al pendiente, iremos para allá. Gracias por el dato Alberto. Saludos.” (@LorenaJassIbeA: 2013)

Esto demuestra la importancia que puede tener la participación ciudadana y la involucración que debe existir entre Organizaciones de la Sociedad Civil –como Techo- y el Estado. Si bien pueden existir complicaciones legales para intervenir en asentamientos humanos dónde no hay una certeza jurídica del terreno (de lo cual Techo es plenamente consciente y opera de manera que se atiendan necesidades urgentes previendo la posibilidad de las implicaciones legales que suponen los lugares dónde viven estas familias), es necesario que se difunda la manera en la que las personas viven y que tanto ciudadanos como gobernantes trabajemos por superar esta situación de una manera proactiva que habilite a los pobladores de estos lugares para que puedan ser autónomos.

Recordemos que a final de cuenta las personas que elegimos para que nos representen en el gobierno son un grupo reducido que no tiene la capacidad de resolver puntualmente todas y cada una de las problemáticas que existen en la sociedad, por lo que es responsabilidad de todos trabajar para evitar que existan personas viviendo en vulnerabilidad; y aún más que sean los niños quienes sufran de esta manera, no solo porque son el futuro de México, sino porque son seres humanos que merecen que se respete su dignidad en el presente.




Carlos Aguilar
@KrlozAguilar

domingo, 14 de abril de 2013

¡Yo puedo volar! ¡Yo atravesar paredes! ¡Yo soy invisible!

Este escrito también fue publicado en Acción ciudadana ITESM GDL.

A mis veintiún años de vida puedo decir que disfruté mi infancia: fui privilegiado. Siempre tuve alimentos, un techo y una familia en la cual apoyarme ante las adversidades que se me presentaran. Mis juegos iban desde horas y horas jugando con figurines de Pokémon y peluches de diversos tipos hasta el sedentarismo y desarrollo de la habilidad mano-ojo que presumen los videojuegos.

Mis pequeños amigos y amigas eran amistades que en ese tiempo fungían como la llave de la felicidad en mi vida: a pesar de ser solitario me aventuraba a hablarle a las personas que tenían gestos amables conmigo y disfrutábamos horas de diversión con juegos inocentes durante el recreo y los fines de semana. Si alguien “la traía” bastaba con pedir “pidos”, si alguien se embarazaba un ligero roce bastaba para “desembarazarla” o “desembarazarlo” y todo terminaba en risas. Las pistolas solo hacían “pum” por nuestras bocas  y las heridas sanaban por sí solas.

Pude decir fácilmente un: “Te amo, mamá.” Sin siquiera dudar de ello; pude ser cómplice, rival y mejor amigo de mi hermano sin problema alguno. El afecto fue suficiente para que –a lo que me gusta pensar- pudiera desarrollarme de manera saludable para convertirme en el adulto joven que soy el día de hoy.
Sin embargo, este año, dos días antes de cumplir mi vigésimo primer aniversario conocí a un niño –a quien llamaré Lalo para respetar su privacidad- que me hizo tomar conciencia a un grado totalmente nuevo para mí sobre la responsabilidad que tengo como ciudadano.

Lalito es un niño de aproximadamente nueve años de edad. Su manera de ver la vida azotó mi paradigma en dos minutos. Él es el mayor, sus otras dos hermanas tienen 6 y 3 años respectivamente. Sus padres están juntos, sin embargo, no presentes: el estilo de vida que llevan los obliga a trabajar diario casi todo el día: y no es que sean adictos al trabajo, es que si no trabajan un día ellos y sus hijos dejan de comer.

Y el problema no es solo una larga ausencia durante la jornada laboral de ventas en el tianguis; también los problemas entre el alcoholismo de papá y las relación entre ellos dos y mamá hacen que Lalito y la hija de en medio digan frases como: “Ojalá no tuviera papá, míralo, ya está pedo.” (sic); la relación de Lalito con las personas en su comunidad; o que su necesidad de cariño sea tan grande y no cubierta, que en cuánto ven a alguien que se acerca a convivir con él les exija abrazos, juegos y demás apapachos.

No, no es que me asusten los problemas intrafamiliares. No es que piense que solo porque en comparación con la suya mi infancia fue privilegiada por lo mucho o poco que pude vivir. El shock surgió cuándo Lalito -con quién jugué tanto como el tener que ser una de las personas a cargo de 200 voluntarios construyendo 20 viviendas de emergencia junto con 20 familias en Ampliación Rehilete, me lo permitía- reaccionó a mí partida.

A Lalito, como ya podrán imaginarse, le encantan los juegos y el afecto corporal. Desde un abrazo hasta levantarlo al aire para que esté en los hombros y hacerle “caballito” es algo de lo que difícilmente se cansa (yo no logré averiguar si existía algún punto en el que ello le hastiara) y a pesar de que trataba de darle turnos a él, a sus hermanas y a los niños que se acercaban a jugar, él más que ningún otro se imponía y exigía que jugara con él.

Para poder cumplir con mi rol dentro de Techo, tenía que visitar varias familias, por lo que llevé a Lalito a un asiento de su casa y le expliqué que de momento tenía que partir, pero que él tenía que quedarse a ayudar a los voluntarios a construir su nueva casita. Lalito, por obvias razones, se molestó y me pidió que me quedara a jugar con ellos un rato más. Traté de explicarle que así como tenía que ir a su casa a verlos a ellos y a los voluntarios, tenía que ir a las demás casas dónde hiciera falta apoyo en una u otra cosa.

“-No, quédate.” “Pero me necesitan, ¿Qué va a pasar si las otras casitas no se terminan? También tengo que ir a ver qué hace falta allá.”. “Cáchame otra vez.” –Decía Lalito para pedir que lo subiera en mis hombros. “De verdad me tengo que ir, pero puedo volver hoy más tarde.” “Si te vas te meto un plomazo.” –Palabras de un niño de nueve años. –Silencio. “Lalito, ¿Qué es un plomazo?” “Darte un balazo.” “¿Y sabes qué pasa si me das un balazo?” “Te mueres.” “¿Y sabes qué pasa si me muero?”. “Nada.”

Un niño que sufre las vicisitudes de la exclusión social fácilmente tiene en su entorno agresiones graves como lo pueden ser un disparo. Si una persona está expuesta constantemente a agresiones físicas y asesinatos es lógico que se vaya perdiendo la sensibilidad en cuánto a la pérdida de otros seres humanos. ¿Si las personas que viven en este tipo de asentamientos son invisibles para la sociedad y a nadie parecen importarles, por qué a ellos habría de importarles si alguien de fuera muere? No estoy seguro ni creo que a los nueve años yo haya sido capaz de dimensionar lo que una muerte representa, tampoco sé si Lalito es capaz, pero ciertamente he tenido una vida completamente distinta a la suya.

“¿Cómo que no pasa nada? Mi familia y mis amigos se van a poner súper tristes.” “No es cierto.” –Lo veo de la manera más sincera que puedo directamente a los ojos. “Sí, sí es cierto, Lalito. Yo tal vez me muera, pero ellos se quedan tristes.” –Su mirada no deja la mía. “¿Quieres que ellos se queden tristes?” –Niega con la cabeza. Me abraza. “Nada de balazos, ¿Está bien?” “Está bien.”

Así de rápido como Lalito decide que dispararme y terminar con mi vida es su mejor opción, logro disuadirlo de ellos, así de rápido como lo hago cambiar de opinión, algo en su entorno lo hace regresar a su estado anterior.

En una sociedad dónde se excluye a sectores de la misma es difícil hablar de desarrollo social, de seguridad o de crecimiento económico. Así como Lalito, de acuerdo a una nota publicada en El Economista, 21.4 millones de niños y adolescentes viven en situación de pobreza. No se especifica la cantidad que vive en pobreza multidimensional extrema, sin embargo también se calcula en millones de acuerdo al CONEVAL y otras instancias que estudian la materia.

Un fin de semana jugando con un niño no termina con el problema. La construcción de una vivienda de emergencia busca satisfacer el derecho a la vivienda (establecido como Derecho Humano en la Declaración Universal de Derechos Humanos) y ser una excusa para que la comunidad con la que se trabaja crea en la voluntad y de los voluntarios de Techo para trabajar en conjunto y que sea posible crear planes de Habilitación Social a futuro. Sin embargo, no es suficiente, porque una sola organización no es capaz de atender todas las necesidades de la sociedad y menos de arreglar un país entero.

En lo personal, agradezco, pero no son suficientes un: “Qué buena labor la que realizas” o un “Qué bueno que estés con los más necesitados.” Seguro también pueden existir críticas, y gustoso las escucharé y consideraré para tratar de hacer una mejor labor. En lo general los comentarios son alentadores, pero falta más y yo sí exijo algo.

Lo que yo le exijo a quién esté leyendo esto, es participación. Porque así como Lalito, existen millones de niños, que lejos de darme miedo por el hecho de que en un futuro sean quiénes dirijan la bala que terminen con mi vida o con la de alguno de mis seres queridos, son seres humanos que están perdiendo su vida sin tener la oportunidad de vivirla. Lo que yo le exijo a la gente ahora que sabe los alcances que pueden tener su indiferencia es que de la manera que les sea posible se informen, y que esa información la compartan. No le exijo a nadie que vaya conmigo a construir viviendas para convivir con familias que tienen que sobrevivir día a día explotándose por menos que el salario mínimo; tampoco les pido que sea mi causa la que los mueva a ayudar a reestructurar y sanar el tejido social; sólo te pido, que si puedes leer esto, es porque tienes la capacidad de darte 10 minutos y buscar datos sobre violaciones de derechos humanos y leer un solo artículo, el cuál puedes comentar con tus seres cercanos para que los problemas que más te afectan, sean por lo menos discutidos en la agenda pública, y que con suerte, te acerques a una trinchera desde la cuál te sientas cómodo trabajando por resolver la situación actual de tu país, porque el desarrollo social es trabajo de todos, y también nuestra responsabilidad.

Carlos Alberto Aguilar Cáceres

@KrlozAguilar

lunes, 18 de febrero de 2013

Ciudadanía en renta.

La nota también fue publicada en el blog Acción Ciudadana ITESM GDL.

Son los que “viven” y “no viven”; los votos seguros del populismo de partidos políticos; los “culpables” de que el país no progrese; los que a ojos de muchos viven en la miseria porque así lo deciden; los que mendigan la caridad de aquellos privilegiados. Son los seres humanos nacidos en México que no conciben el ser ciudadanos.

Es la comunidad conformada en un principio por alrededor de 300 familias mazahua -y ahora casi tres veces más de distinto origen- que ya no enseñan el dialecto a sus hijos y los bautizan con nombres mestizos; los que en su mayoría han acomodado láminas irreparables, lonas o ladrillos sobrepuestos para tratar de protegerse de los contratiempos climáticos; aquellos que no cuentan con los servicios básicos como el drenaje y se ven azotados por ráfagas de tierra y polvo a falta de pavimento.

Se le denomina Prolongación Rehilete y está conectado por Avenida Guadalupe a las zonas donde existen fraccionamientos cercados por gruesos muros que “aíslan de los males”, restaurantes y otros modelos de lujosa infraestructura que ayuda a marcar la inequidad social; únicamente se tiene que atravesar Periférico para dar con esta realidad que como el tema de la pobreza está escondida y olvidada dentro de nuestra cotidianeidad.

Se les ha prometido certeza a través de promesas que se derrumban tan fácil como sus techos; se les ha prometido un cambio e incluso conseguido una credencial expedida por el Instituto Federal Electoral a cambio de un voto durante temporada de elecciones; se les ha jurado y perjurado que los papeles de escrituración están en proceso y que sólo necesitan dar una cooperación a la figura que desaparecerá para “arreglar los papeles”.

“Si llegan los programas del gobierno, como Oportunidades –asegura una de las habitantes con edad avanzada de Ampliación Rehilete- es más fácil conseguir un apoyo si uno no se esfuerza: yo no califico para la ayuda porque me esfuerzo por trabajar y ven mis máquinas, pero eso no significa que mi situación sea más fácil que la de otros.” Y no es que sea difícil porque así lo han decidido. Existen los casos dónde las familias no lograron solventar sus gastos y tuvieron que establecerse en la tierra inexistente, por lo que al ser nuevos las escuelas no aceptaron a sus hijos y a ellos se les dificultó el regresar a su trabajo, ya sea por la distancia o porque decidieron despedir a uno de ellos al sufrir un accidente laboral que le dejó atrofiada su mano derecha; o porque piensan que es mejor que sus hijos estudien a tener una vivienda estable; que prefieren trabajar diario para alcanzar a comer en vez de tener una base estable para el colchón que acomodan de manera precaria en la tierra para soñar con un mejor mañana.

Son estas historias y más las que cerca de 50 jóvenes voluntarias y voluntarios de Techo, en Jalisco, se dispusieron a escuchar y registrar durante el sábado y domingo 2 y 3 de febrero. Las historias que nos ayudan a ponerle nombre, apellido e historia a los números que tanto nos incomodan y que día con día se agregan a la sumatoria de millones de mexicanos viviendo en situación de pobreza. Son éstas personas con vulnerabilidades producidas a través de fallas en el sistema social y la organización del Estado las que mueren en silencio y se resignan a ello bajando la mirada ante promesas que ya conocen pero que les logran dar un poco de esperanza.

La tarea no es solo del Estado o de una asociación civil; no se trata de tenerles lástima ni de buscar darles lo que nos sobra para que tengan qué comer; mucho menos se trata de prestarles un lugar en el mapa político al momento de hacer campaña a través de un plástico con su identidad para darles la ilusión de que esta vez será diferente, que por fin serán ciudadanos de las tierras que por años han habitado.

Se trata de hablar del problema, tenerlo presente en nuestra vida y buscar una solución coherente. Se trata de conocer la realidad que aqueja a millones de personas que tienen necesidades, aspiraciones, derechos y obligaciones coartadas simplemente por haber nacido en un país dónde el formar parte de la realidad es opcional y dónde la ciudadanía es un sueño que está en renta.

@KrlozAguilar

sábado, 30 de junio de 2012

La disyuntiva 2012: Sello en la comedia mexicana


"Los ciudadanos eligen, pero las élites deciden."
Otto Granados

A menos de un día de las elecciones el puesto para la presidencia parece tener –de acuerdo a las encuestas- únicamente dos posibles ganadores: Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. Y es el primero quien tiene una posibilidad real mayor de ganar; ora por los fraudes reportados a la FEPADE dónde un 85% de las denuncias se adjudican al PRI; ora por las familias que su única tradición es votar por el tricolor; ora por los votos comprados mediante  remuneraciones económicas, materiales o amenazas; ora por los votos nulos y la abstinencia; ora por los votos a Josefina Vázquez Mota y a Gabriel Quadri. La incertidumbre impregna el ambiente y no precisamente por la duda de quién será victorioso; sino por lo que le depara a ésta comedia en la que todos los mexicanos somos partícipes.

América Latina (La comarca del mundo como la llamaría Galeano) se caracteriza por ser un territorio de países explotados, no sólo por extranjeros, sino también por sus paisanos. Es en la corrupción y en las mafias empresa (legal o ilegal)-gobierno dónde se acobijan nuestros dirigentes para decidir sobre factores cruciales para el desarrollo de la nación. Es en la corrupción dónde nosotros los "ciudadanos" sabemos movernos y justificarnos. Es la cultura del "no pasa nada"; es la cultura que nos antepone las engañosas gafas en las que una posible solución a nuestros problemas (disparidad social y económica, violencia, administraciones incompetentes, etc.) es la vuelta al pasado que la ignorancia embellece como refugio: el curar la herida con el veneno que la causó.

Es en las estancadas aguas del régimen mexicano -conformadas por 82 años, incluída la alternancia- dónde es posible sumergirnos a miles y miles en la desinformación; dónde es posible crear un personaje vacío y telenovelesco -de reprochable desempeño político- para llevarlo a la presidencia de la República. Los dos verdaderos contrincantes de Peña Nieto han dado lucha, mas la brecha final parece cerrarse entre PRI y PRD: El ligero gobierno de Vicente Fox y el gobierno manchado por más de 60,000 muertes de Felipe Calderón distan de ser una plataforma sólida para que Josefina salga victoriosa de la contienda. A esto hay que sumarle el hecho de que su campaña resultó ser un absurdo: Se presenta como diferente pero es la continuidad del camino blanquiazul; se pinta como diferente por ser mujer pero demuestra conductas machistas; se trata de alejar de la imagen de Calderón pero lo envía a la PGR.

Excluyendo la creciente ola de violencia generada por un intento de legitimación en Los Pinos liderada por Hinojosa con una estrategia inexistente, no se puede reprobar completamente el gobierno de Felipe C.: Sí aumentó la pobreza; sí creció la deuda pública; pero también se logró sobrellevar la economía a pesar de los desgastes causados por la situación internacional: incluso se aportó dinero al FMI, lo cuál podría suponer inversión extranjera. Sin embargo el peligroso combo violencia-pobreza que se ha venido desarrollando y para el cuál la administración del PAN no parece tener una estrategia clara -o por lo menos fructífera- provocan un hartazgo en la sociedad; sociedad reaccionaria que al más mínimo factor que incomode su letargo decide cambiar de rumbo. No resulta casual el declive que sufrió la candidata panista al cierre de su campaña: la fe en el partido se había visto traicionada por el sexenio que le precedía y su inadecuado, monótono y frío manejo terminaron por derribarla.

Dentro del contexto mencionado, votar por Josefina Vázquez Mota se traduce en el regreso  oficial del PRI a la presidencia: votar por un tercer lugar supone que el impulso que podría tomar el segundo para rebasar al primero se nulifique, y que el sufragio quede simplemente en una buena intención.

Por otro lado, como destaca Juan Villorio, es más fácil perdonar a López Obrador: Su plan de desarrollo apunta hacia dimensiones de la realidad mexicana que si bien hoy por hoy no parecen una mayor amenaza para las clases media y alta, lo serán el día de mañana; apunta hacia la mejora de la realidad de millones de mexicanos; promete ser (como en su momento lo fue FOX) el inicio de un cambio, pero de manera más puntual y originado en la izquierda. Su gabinete y el contrapeso que existirá a nivel de diputados y senadores son el seguro que se adhiere a que no podrá existir un cambio radical de entrada: a pesar de que el PRD pinte fuerte para la presidencia, no lo hace a nivel estatal en todas de las entidades.

Al México que es mayoría y al que nadie le importa, le urge una transición: el México que quedó desatendido y con un tejido social destrozado pide a gritos -ahogados por la indiferencia- un cambio.

Además, la victoria de AMLO presupone una ventaja: El referendo revocatorio - mediante el cuál cada dos años se podrá someter a juicio su gobierno y, de ser necesario, revocarlo. Cosa que difícilmente sucedería con el PRI; y que no sólo sería una posibilidad con el candidato de izquierda, sino que podría resultar incentivo para la participación ciudadana –obligación que hemos olvidado.

Fernando Savater destaca que con el nacimiento de la política muere la tragedia porque en la tragedia dirige el destino y en la política existe la posibilidad de elegir a través de marcos políticos, sociales, etc. 

Lejos de que estas elecciones aludan a un desarrollo positivo o negativo inmediato para el país, representan la disyuntiva entre la continuidad de un régimen históricamente ciclado o el desplazamiento hacia la democracia.



lunes, 20 de febrero de 2012

De frases mediocres y excusas inexplicables

El día de hoy coincidió la plática del líder académico del departamento de Comunicaciones con el taller vertical de un compañero que estudia para recibirse como ingeniero. Durante nuestro break nos encontramos en el pasillo y le conté lo que hacía ahí, a lo que respondió: “Solo los licenciados tienen tiempo de ser líderes académicos.”

La verdad es que a veces me cuesta reaccionar adecuadamente ante argumentos tan vagos y prefiero dejarlos pasar porque no tienen mayor importancia pero no pude contenerme y sólo le respondí: “No, también los buenos ingenieros pueden hacerlo.”

Sinceramente no me cuadra la idea de que alguien pueda hacer un comentario tan bobo: la idiota competencia entre ingenieros y licenciados parece no tener límites.

A mi me queda claro que muchos ingenieros son dignos de admiración; logran hacer avances tecnológicos impresionantes e innovan de tal manera que nuestra vida se altera drásticamente de manera acelerada. Sus carreras son muy pesadas y absorben bastante tiempo. Pero sinceramente el comentario que me hizo sale sobrando: es mediocre.

Tanto ingenieros como licenciados necesitan conocer profundamente su área profesional para poder desarrollar productos de calidad; así como el desarrollo de nuevas tecnologías requiere ardua investigación y experimentación, los trabajos artesanales y teóricos requieren un amplio análisis; pueden necesitar un largo proceso creativo y la inteligencia suficiente para acomodar las piezas creadas de tal manera que sea adaptable al esquema social.

Sí, muchos licenciados dedican parte importante de su tiempo al trato interpersonal, por lo que se resulta más fácil el poder destacar en el plano académico e instruir a los colegas una vez que se ha adquirido conocimiento. Pero también conozco estudiantes de ingeniería que no sólo logran sacar adelante su carrera con un promedio sobresaliente, sino que además de ello se dedican a la vida estudiantil y logran hacer espacio para su vida social. No se pueden comparar peras con manzanas, simplemente hay distintos gustos.

Un ingeniero que no se cree capaz de ser un líder académico resulta mediocre. El plano de la tecnología toma gran parte de su fundamento en la investigación y el registro de hallazgos: el desarrollo de nuevas ideas no sirve de nada si no son compartidas. La divulgación del conocimiento es lo que permite saber qué es lo que se ha logrado y qué es lo que se necesita. Sé de ingenieros que son jefes en su trabajo y se toman el tiempo de redactar artículos pertinentes dentro de su área de especialización; de dar conferencias entre sus colegas e incluso de asistir a congresos organizados por y para el cuerpo estudiantil.

Un ingeniero que no innova es porque se dedica a un trabajo parecido al del obrero, y no es algo de que avergonzarse, simplemente ayuda a mantener el funcionamiento establecido en nuestra sociedad. Un ingeniero que se dedica al mantenimiento de la sociedad y se dedica únicamente a seguir los patrones establecidos no tiene argumento válido para sentirse superior al licenciado promedio que a fin de cuentas se dedica a lo mismo desde un enfoque distinto.

Yo no digo que los licenciados sean mejores que los ingenieros o viceversa, simplemente se dedican a cosas diferentes y punto. Quien se empeñe en demostrar lo contrario necesita conseguirse una vida.