"Los ciudadanos eligen, pero las élites deciden."
Otto Granados
A menos de un día de las elecciones el puesto para la presidencia parece
tener –de acuerdo a las encuestas- únicamente dos posibles ganadores: Enrique
Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. Y
es el primero quien tiene una posibilidad real mayor de ganar; ora por los fraudes reportados a la FEPADE dónde
un 85% de las denuncias se adjudican al PRI; ora por las familias que su única
tradición es votar por el tricolor; ora por los votos comprados mediante
remuneraciones económicas, materiales o amenazas; ora por los votos nulos
y la abstinencia; ora por los votos a Josefina Vázquez Mota y a Gabriel Quadri.
La incertidumbre impregna el ambiente y no precisamente por la duda de quién
será victorioso; sino por lo que le depara a ésta comedia en la que todos los
mexicanos somos partícipes.
América Latina (La comarca del mundo como la llamaría
Galeano) se caracteriza por ser un territorio de países explotados, no sólo por
extranjeros, sino también por sus paisanos. Es en la corrupción y en las mafias
empresa (legal o ilegal)-gobierno dónde se acobijan nuestros dirigentes para
decidir sobre factores cruciales para el desarrollo de la nación. Es en la
corrupción dónde nosotros los "ciudadanos" sabemos movernos y
justificarnos. Es la cultura del "no pasa nada"; es la cultura que
nos antepone las engañosas gafas en las que una posible solución a nuestros
problemas (disparidad social y económica, violencia, administraciones
incompetentes, etc.) es la vuelta al pasado que la ignorancia embellece como
refugio: el curar la herida con el veneno que la causó.
Es en las estancadas aguas del régimen mexicano -conformadas por 82
años, incluída la alternancia- dónde es posible sumergirnos a miles y miles en
la desinformación; dónde es posible crear un personaje vacío y telenovelesco -de reprochable desempeño político- para
llevarlo a la presidencia de la República. Los dos verdaderos contrincantes de Peña
Nieto han dado lucha, mas la brecha final parece cerrarse entre PRI y PRD: El
ligero gobierno de Vicente Fox y el gobierno manchado por más de 60,000 muertes
de Felipe Calderón distan de ser una plataforma sólida para que Josefina salga
victoriosa de la contienda. A esto hay que sumarle el hecho de que su campaña
resultó ser un absurdo: Se presenta como diferente pero es la continuidad del
camino blanquiazul; se pinta como diferente por ser mujer pero demuestra
conductas machistas; se trata de alejar de la imagen de Calderón pero lo envía
a la PGR.
Excluyendo la creciente ola de violencia generada por un
intento de legitimación en Los Pinos liderada por Hinojosa con una estrategia inexistente, no se puede reprobar
completamente el gobierno de Felipe C.: Sí aumentó la pobreza; sí creció la deuda pública; pero también se logró
sobrellevar la economía a pesar de los desgastes causados por la situación
internacional: incluso se aportó dinero al FMI, lo cuál podría suponer inversión
extranjera. Sin embargo el peligroso combo violencia-pobreza que se ha
venido desarrollando y para el cuál la administración del PAN no parece tener
una estrategia clara -o por lo menos fructífera- provocan un hartazgo en la
sociedad; sociedad reaccionaria que al más mínimo factor que incomode su
letargo decide cambiar de rumbo. No resulta casual el declive que sufrió la
candidata panista al cierre de su campaña: la fe en el partido se había visto
traicionada por el sexenio que le precedía y su inadecuado, monótono y frío manejo
terminaron por derribarla.
Dentro del contexto mencionado, votar por Josefina Vázquez Mota se traduce en el regreso oficial del PRI a la presidencia: votar por un tercer lugar supone que el impulso que podría tomar el segundo para rebasar al primero se nulifique, y que el sufragio quede simplemente en una buena intención.
Por otro lado, como destaca Juan Villorio, es más fácil perdonar a López Obrador: Su plan de desarrollo apunta hacia dimensiones de la realidad mexicana que si bien hoy por hoy no parecen una mayor amenaza para las clases media y alta, lo serán el día de mañana; apunta hacia la mejora de la realidad de millones de mexicanos; promete ser (como en su momento lo fue FOX) el inicio de un cambio, pero de manera más puntual y originado en la izquierda. Su gabinete y el contrapeso que existirá a nivel de diputados y senadores son el seguro que se adhiere a que no podrá existir un cambio radical de entrada: a pesar de que el PRD pinte fuerte para la presidencia, no lo hace a nivel estatal en todas de las entidades.
Al México que es mayoría y al que nadie le importa, le urge una transición: el México que quedó desatendido y con un tejido social destrozado pide a gritos -ahogados por la indiferencia- un cambio.
Además, la victoria de AMLO presupone
una ventaja: El referendo revocatorio - mediante el cuál cada dos años se podrá
someter a juicio su gobierno y, de ser necesario, revocarlo. Cosa que difícilmente
sucedería con el PRI; y que no sólo sería una posibilidad con el candidato de
izquierda, sino que podría resultar incentivo para la participación ciudadana –obligación
que hemos olvidado.
Fernando Savater destaca que con el
nacimiento de la política muere la tragedia porque en la tragedia dirige el
destino y en la política existe la posibilidad de elegir a través de marcos
políticos, sociales, etc.
Lejos de que estas elecciones aludan a
un desarrollo positivo o negativo inmediato para el país, representan la
disyuntiva entre la continuidad de un régimen históricamente ciclado o el desplazamiento hacia la
democracia.